Capello y la piedra filosofal

Posted on April 5, 2009 
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Dicen que de los golpes se aprende, pero también dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Y el Real Madrid hace honor a esta gran verdad.

Dejar escapar por segunda vez a Capello fue una idea muy poco brillante, aunque también la podría calificar de muchas otras formas.

En la temporada 96-97, Capello, poseedor de la piedra filosofal, aterrizó como un salvador en un Real Madrid hundido, que había terminado sexto en la anterior temporada y tampoco iba a jugar ni UEFA ni Champions. El italiano decidió ponerse al mando del barco y, así, reflotarlo. Para ello necesitaba más marineros, hombres eficaces, capaces de tapar los agujeros por los que entraba el agua y que, a la vez, pudieran remar con fuerza, honor y tesón. Esos hombres elegidos fueron: Clarence Seedorf, Davor Suker, Pedja Mijatovic, Roberto Carlos, Bodo Illgner y Christian Panucci.

Y así el míster consiguió formar un equipo, un muy BUEN EQUIPO, sí, con mayúsculas, porque sólo así se puede conseguir acabar una temporada con 27 victorias, 11 empates y 4 derrotas, con el consiguiente título de Liga. El secreto de tan preciado éxito no sólo estuvo en las caras nuevas, sino también en el carácter del nuevo capitán del barco. Una persona con experiencia y aplomo, al que no le temblaba la mano a la hora de dar órdenes, un hombre duro donde los haya, con carisma, que peleaba por los colores de la bandera de su barco como si de los suyos se trataran y, sobre todo, muy, muy disciplinado.

Un ángel para unos, demonio para otros. Enseguida surgieron voces de ultratumba criticando su labor, y es que, mi querido amigo Capello, a todos no se puede gustar, y si hay envidias… menos. Que si su forma de juego era muy defensiva, que si su fútbol no era bonito… y así, una sarta de estupideces.

Capello, al ver que su barco iba viento en popa y a toda vela, solicitó al dueño del navío más marineros, petición que, sin saberlo, iba a ser el principio del fin. Desacuerdos y un proyecto de futuro no compartido fue lo que distanció al italiano de Lorenzo Sanz. Así, el gran capitán recogió sus galones, los envolvió en un paño de seda y abandonó la embarcación, dejando las bases para que posteriormente se alzase un nuevo estandarte, el de la Copa de Europa.

Tras la marcha de Capello desfilaron por el equipo blanco otros entrenadores, incapaces de conseguir lo que el italiano había logrado. Los fichajes estrella que fue cosechando el equipo merengue y la poca mano dura de estos místers hizo que el club se convirtiera en un equipo galáctico que salía al campo a jugar ‘pachangas’, que no sentía los colores de su camiseta y que, probablemente, lo que más deseaba era que llegara final de mes para cobrar su sueldo. Y este sentimiento se fue enquistando cada vez más, y el Madrid ya no ganaba nada.

Entonces fue cuando se acordaron de que el ex madridista era quien poseía la pìedra filosofal. Una piedra que tenía la capacidad de transmutar los metales vulgares en oro. Y por ello se reclamó su presencia de nuevo.

Regresó, reformó el vestuario como sólo él sabe hacerlo y volvió a ganar la liga. Aquellas voces de ultratumba resurgieron otra vez. Y el equipo merengue, como el animal al que hacía referencia al principio, tropezó por segunda vez con la misma piedra. Lo echaron, y en su lugar trajeron a Schuster, que prometía más goles y, por supuesto, un juego más vistoso, como debe ser, a la altura del Madrid.

Es el segundo año del alemán y ese espectáculo que se prometía, al más puro estilo ‘Globetrotters’, todavía no se ha visto, y tampoco tengo esperanzas de verlo. Creí que contra el Atlético lo ibamos a conseguir, y la segunda parte fué un desastre. Lo mismo sucedió ayer contra la Juventus, aunque ni siquiera la vergüenza de los puntos nos llevamos en esta ocasión.

El equipo puesto sobre el terreno de juego prometía. Jugando fuera de casa contra la Juventus y el magnífico descaro del ‘ofensivo’ Real Madrid de Schuster se plasmaba sobre el tepe verde con tres delanteros arriba: Raúl, Higuaín y Van Nistelrooy; dos centrocampistas con mucha proyección como Van der Vaart y Wesley Sneijder, y un ‘cierre’ en la medular de tintes creativos como el argentino Fernando Gago.

Esto no sirve para nada. Como se ha podido comprobar, la capacidad ofensiva de un equipo no se mide por el número de jugadores con ganas de hacer gol que se pongan sobre el terreno de juego, no estamos en el colegio, sino que se mide por la facilidad que pueda tener un GRUPO a la hora de ROBAR la pelota y ponerla INMEDIATAMENTE en disposición de los delanteros ABRIENDO el juego a unas bandas que Schuster todavía no ha aprendido a explotar, con hombres como Robben, ayer en el banquillo, o incluso Gonzalo Higuaín, un hombre totalmente desaprovechado.

Además de demostrar escaso conocimiento de las necesidades del Real Madrid en cada partido, probablemente debido a la escasa experiencia del Schuster entrenador de fútbol, el alemán no ha dado todavía con la tecla de la motivación de la plantilla. Si nuestro amigo Fabio escuchase las delcaraciones de Cannavaro previas al partido contra la Juve, en las que el italiano aseguraba conformarse con un empate, el ex de la ‘Vecchia’ hubiese visto el partido desde el banco, o desde su casa; aunque seguro ya ni se le hubiese pasado por la cabeza decir algo así en público. Transmitir es lo más importante, y Schuster no transmite nada recostado en el banquillo.

Añoro los tiempos de Fabio. Siempre guardaré en mi retina el momento en que se negó a salir al césped para celebrar el último título de Liga porque quería dejar como protagonistas a sus jugadores, y ellos fueron en su búsqueda y lo alzaron como si de una copa se tratase.

Se rumorea que Capello capitanea un nuevo barco, creo que inglés, que sigue portando la piedra filosofal, y que con ella convirtió a ese barco perdido en un buque de guerra. ¡También dicen que libró cuatro batallas y que todas ellas ganó! No sé si será verdad; en todo caso, las malas lenguas comentan que es su última aventura. Ojalá sea mentira pero, si es así, Fabio, te deseo toda la suerte del mundo.

Fuente: Goal.com, por Verónica Giardino

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