Lippi: “Estoy muy satisfecho”

Es la vigente campeona del mundo y lidera su grupo de clasificación para Sudáfrica 2010 con un partido por disputar, pero la selección italiana no se libra fácilmente de las críticas. Según sus detractores, el equipo de Marcello Lippi está obligado a recuperar la clase antes de poder afirmar que sigue siendo la principal potencia futbolística del mundo.

Lippi sabe muy bien que de los azzurri se espera siempre un buen rendimiento, pero con estilo; y sin embargo, él está convencido de que serán los resultados, y no el fútbol bonito, los que conquisten los corazones de la afición y conviertan a los críticos en aliados.

Como es sabido, este técnico de 61 años ha vuelto a ocupar el puesto de mando de la selección nacional. Su regreso se produjo después del fracaso de la Italia de Roberto Donadoni en la EURO 2008: razón de más para que Lippi tenga presente que las gestas del pasado sólo sirven ahora para poner muy alto el listón de las expectativas.

En esta entrevista en exclusiva con FIFA.com, Marcello Lippi deja bien claro que lo que realmente desea es conquistar el mundo una vez más, y admite que la sensación que le produjo conseguirlo en Alemania “supera todo lo que uno es capaz de expresar con palabras”. Sin embargo, no piensa hablar de objetivos, y muchísimo menos con la prensa. Pero una cosa está clara: sabe mejor que nadie cuánta importancia tiene el éxito en esta Copa FIFA Confederaciones para un país que ya se ha convertido en fuente de fascinación para el mundo entero.

Para Italia, ésta es la primera Copa FIFA Confederaciones. ¿Qué espera de ella?
Para nosotros, todas las competiciones son importantes. Esperamos jugar partidos excelentes en Sudáfrica, deseamos crecer como equipo y como colectivo. Lo más importante es consolidar nuestras mejores cualidades y aprovechar todas las ocasiones que se nos presenten para seguir mejorando hasta ser tan buenos como podamos.

Su equipo ha quedado encuadrado en un grupo muy difícil, en el que también se encuentran Brasil, Egipto y Estados Unidos. ¿Cuál de estos equipos supone usted que será más peligroso?
El partido más importante es el primero [ndlr: contra Estados Unidos]. Debemos imponernos como sea al primer rival. Si el primer partido nos sale bien, lo lógico es que los demás sigan la misma tónica. Si sale mal, nos costará mucho más cobrar impulso. Pero yo no he venido aquí para hablar de los rivales, quiero hablar sólo de mi equipo y de nuestros objetivos.

Pero en Italia ha despertado un enorme interés el partido contra Brasil. ¿Qué diferencias cree usted que existen entre ambos equipos?
En primer lugar, ese interés del que habla me parece de lo más normal, porque Brasil es actualmente la mejor selección del mundo e Italia es la vigente campeona del mundo. Es normal, no tiene por qué sorprender a nadie. Y por lo que respecta a las diferencias… [duda] Los brasileños son muy buenos, son muy rápidos en ataque, forman un equipo muy peligroso. Nuestros estilos son diferentes, muy diferentes; de manera que no hay comparación posible.

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“Quiero escribir mi propia historia”

Llegó con buenas referencias y unos cuantos goles, pero se le retacearon las oportunidades, apenas un puñadito de chances, casi todas ingresando desde la banca, de manera que Bruno Fornaroli no logró, aún, desplegar lo que él mismo coincide en tener dentro. “Quiero escribir mi propia historia, me gustaría quedarme en San Lorenzo pese a que no haya jugado mucho, mi deseo es ser parte del grupo que dé vuelta este presente”, anuncia ante Olé el uruguayo, quien hoy, en el bautismo de Simeone como entrenador del Ciclón, será titular en lugar del lesionado Andrés Silvera.

-¿Te dio bronca haber jugado tan poco?
-Bronca no, pero molesta, porque uno siempre quiere jugar. Si no lo sintiera así tendría que irme a mi casa. Igual, estoy tranquilo, porque acá hay jugadores de mucha calidad, como el Cuqui, de quien aprendí mucho. Y hoy estoy muy feliz, me vuelve a correr el juguito en el estómago, que no hace rato no tenía.

-No es, de todas maneras, el mejor contexto para salir a la cancha.
-Cuando llegué, San Lorenzo había ganado los primeros partidos del campeonato local y la Copa Libertadores, e imaginaba otra cosa… Lamentablemente se dio así, y es raro. Este plantel no mereció haber perdido los partidos que se perdió. Es un plantel bárbaro, pero a veces la mala suerte te toca. Igual, con el trabajo y sacrificio vamos a sacarlo adelante. Este club no se merece estar en la posición que está… Por eso, imaginen las ganas de jugar y ayudar que tengo. Hay que trabajar, trabajar y trabajar. Pero siempre con calma.

-¿La llegada del Cholo va a ayudar a descomprimir esta situación?
-Sin dudas. A Simeone lo veo con muchísimas ganas de revertir esto, como todos nosotros. Al Cholo le gusta el buen fútbol, y eso nos contagia. Yo tenía una imagen de él, y no me había equivocado: siempre quiere ganar. Llegó y lo primero que hizo fue ponerse a trabajar duro para ganar, ganar y ganar. Trabaja a un ritmo altísimo. De alguna manera, lo hace con el cuchillo entre los dientes.

-¿Y tácticamente qué te pareció, te gusta el vértigo que propone?
-Obviamente que me gusta, porque es mi estilo también, está bueno jugar siempre la límite, mientras mantengas las precauciones justas y necesarias.

-Empezar a ganar en un clásico, ¿también?
-Claro. Racing es un rival duro, ves los partidos que juega y te das cuenta que sus jugadores dejan la vida. Estamos los dos en situaciones complicadas, en las que tenemos que salir a ganar sí o sí, con lo cual se va a dar un partido verdaderamente luchado.

-¿Y habrá, al fin, gol de Fornaroli?
-Si bien el delantero siempre tiene que marcar, no hay que demostrar lo que sos sólo con goles. Hoy lo más importante es que gane el equipo. Igual, ojalá pueda darse con un gol mío. Eso sería ideal.

Fuente: Olé

Bilardo: “Con Diego está todo bien”

Nos quieren dividir, no sé por qué. Desde Escocia que nos quieren dividir. Están creando algo como si quisieran eso. Si estamos siempre juntos…”. Es el día después. Otro día después. La derrota en La Paz, más las declaraciones de Humbertito Grondona, pusieron nuevamente sobre la mesa la interna en la conducción de la Selección. Que Maradona no escucha a Bilardo (como dio a entender el hijo de Don Julio), que el Narigón quiere tener mayor participación, que tuvo discrepancias con el Diez en la preparación del equipo en esta doble fecha de Eliminatorias, que el Doc está pensando en renunciar… Por eso, apenas atiende el llamado de Olé, el manager del seleccionado arranca, se embala, busca aclararlo todo, se muestra conciliador. “Antes me hubiese vuelto loco por esto, ahora estoy más tranquilo, pero no puede ser…”.

-A ver, Carlos, ¿está enojado con Diego?
-¿Yo? No, no estoy enojado con Diego. Si hablamos todos los días… Hoy (por ayer), justo no, pero hablamos siempre. Dos personas que están enojadas no se hablan, no se hablan…

-Cuando hablan, ¿él lo escucha?
-Sí, sí, lo que le digo, sí.

-Porque Humbertito dijo que Diego tenía que escucharlo más a usted…
-Pero hablamos, hablamos siempre. Yo le digo lo que él me pregunta. Lo que no me pregunta, no… Vos al técnico no le podés decir nada, sólo si te pregunta.

-¿Y lo consulta mucho?
-Algunas cosas me consulta… Lo que a él le parece. Porque yo no soy de estar encima. Hay que dejarlo tranquilo. Pero hasta ahora, todo lo que hablamos desde que arrancamos, se está cumpliendo.

-¿Puede ser que quiera tener mayor participación y Diego no lo deja?
-Yo nunca dije que quería participar más. Estoy para colaborar con él. Yo lo respeto a Diego y él me respeta a mí.

-¿Y por qué tuvo una actitud tan pasiva en estos días? Casi ni se lo vio…
-Porque siempre fue así. Yo no aparezco. Cuando fuimos a Francia y ganamos, no fui al vestuario. Esperé a los muchachos en el micro. Por eso no sé qué pasa… El otro día dijeron que no fui a un asado que se hizo en Ezeiza, que no me habían invitado. Y Diego tampoco estuvo.

-¿Y lo invitaron?
-No me quedé porque tenía un compromiso y luego tenía que ir a la radio. Ni yo ni Diego estuvimos y de repente es como que por eso estamos enemistados. A veces pienso: ¿éstos sabrán bien lo que dicen?

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El diferente

Diego Forlán, una de las caras más destacadas de la selección, comenzó este martes los trabajos con la selección uruguaya de cara a los próximos partidos de Eliminatorias. Tímido, sincero y extremadamente unido a sus hermanos, el futbolista toma recaudos a la hora de hablar acerca de su vida privada.

El delantero de Atlético Madrid está segundo en la tabla de goleadores de la Liga de España detrás del camerunés Eto’o y se prepara para encarar los próximos encuentros ante Paraguay y Chile. Hijo de Pablo Forlán, campeón de América y del mundo con Peñarol en 1966, se consolidó como futbolista en Independiente de Avellaneda tras no tener las oportunidades esperadas en el fútbol uruguayo.

Forlán un jugador diferente. Por su clase en el juego y por la forma en que maneja su imagen fuera del terreno de juego. Tiene un nivel que está por encima de la media del futbolista uruguayo –habla cuatro idiomas- y su corrección hace que se lo respete dentro y fuera de la cancha.

-¿Sintió que en Uruguay fue relegado por no tener el perfil habitual de un jugador de fútbol?
-No. En Uruguay no tuve muchas oportunidades y cuando me di cuenta que no las tenía opté por irme a Argentina. Pero para nada. En ese momento, optaron por otros jugadores y me pareció bien, lo entendí e intenté buscar caminos por otro lado.

-¿Le perjudicó ser de otro ambiente?
-No… yo que sé. Obviamente siempre hay cargadas capaz por venir de Carrasco. Profesionalmente respeto a mis compañeros, sean de donde sean. Yo, me lleve muy bien o muy mal con algún compañero, dentro de la cancha los trato de la misma manera. Después, afuera, me voy a dar con quien quiera, nada más.

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Juan Martín Mujica: “Jugábamos de memoria”

Con Luis Cubilla revivía la historia gloriosa de los tricolores y de la Selección Uruguaya. Néstor Goncálvez agregaba la rivalidad del clásico en una mesa llena de gloria. Mujica cuenta cada capítulo con la capacidad didáctica del entrenador y la pasión del muchacho soñador que llegó a la cumbre. Su voz ronca le pone una música especial.

-¿Cómo recuerda la Copa de 1971?
-Ya me habia tocado jugar dos finales, con Racing y Estudiantes. La tercera fue la vencida. Nacional iba aumentando el poderío cada año. Teníamos a Artime, Cubilla, Manga, jugadores extraordinarios. También a Anchetta, Masnik y otros que metíamos pata como locos y conseguimos ganarle a Estudiantes que venía arrasando. Fue maravilloso. Había gente que decía que Estudiantes estaba decaído, pero no era así, seguía siendo un gran equipo.

-¿Pesaba que Peñarol tenía Copas y Nacional no?
-Sí, era un peso grande. Antes no se cambiaban tanto los jugadores, los planteles eran casi los mismos. Nacional era un equipazo. Jugábamos de memoria, cada cual sabia lo que tenía que hacer, estábamos casi todos juntos desde el ’66. Estaban además Prieto, Maneiro, Morales… Había 7 titulares de la Selección de Uruguay del Mundial ’70 y otros tres que habían sido suplentes.

-¿Cómo se paraba el equipo?
-Con linea de cuatro, después un volante que era Montero Castillo, un 8, un 10, que eran Prieto y Maneiro, y adelante Cubilla, Artime y Morales. Yo era lateral izquierdo, pero no de marca, era de ataque. Como Nacional tenía un gran equipo, eso iba a favor mío porque los rivales siempre nos esperaban. Tenía un gran entendimiento con Morales, llevábamos 6 años juntos. Y después me defendía con los tiros libres y los penales, hacía goles.

-Eran partidos bravos los de esas Libertadores?
-Eran guerras, hoy la Confederación y la FIFA piden más disciplina. Y la televisión te marca cosas que ahora muchos jugadores se privan de hacerlas.

-¿Era especial jugar en el Centenario?
-Sí, lo hacíamos valer. Lo traíamos ya de nuestros antecesores, que ahí no podíamos perder. Defendíamos con uñas y dientes, se hacía cada partido bárbaro.

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“Jugar la Libertadores es el sueño de todo futbolista”

Su mano que atajó el penal decisivo para que Sao Paulo FC ganara su primera Copa, también sacó los nombres de los participantes de la edición de 2009. Se quedó conversando muy tranquilo con los otros campeones, con la cordialidad que tenía desde sus tiempos de jugador. Intercambió datos con Tavarelli mientras lo apuraban para ir al aeropuerto, pero Zetti siempre tiene una sonrisa para explayarse con calma sobre su pasión.

-¿Qué significó ganar la Libertadores?
-Realicé un sueño que tenia a los 18 años, cuando estaba en las categorías de base, porque quería alguna vez participar en la Copa Libertadores. Es el sueño de cualquier futbolista brasileño. Lo cumplí en el ’92 y ’93 cuando fui campeón de América y del mundo. Es una competición codiciada por todos los atletas y clubes. Hoy la gente la ve como si fuera la Copa del Mundo. Estar en el sorteo fue muy gratificante.

-¿Cómo vivió esa definición del ’92 con Newell’s Old Boys?
-Fue tensa, pero era la primera vez que participábamos. No era nuestro plan, estábamos casi sin responsabilidad. Era todo novedad, todo diferente. De repente estábamos disputando la mejor competencia sudamericana. La final fue muy satisfactoria, porque atajé el penal de Gamboa, con 120 mil personas en el Morumbí. Recuerdo que no pude llegar al trofeo ni a buscar la medalla. Estaba en el vestuario, porque había tanta gente en el campo, hubo una invasión. Fue una alegría muy grande. La Libertadores ’92 marcó la historia del fútbol brasileño en relación a esa competición.

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