El legado de las jóvenes joyas

Posted on April 5, 2009 
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Mientras Egipto se prepara para albergar la XVII Copa Mundial Sub-20 de la FIFA, es muy posible que los aficionados locales se pregunten qué les deparará esta edición. El elenco del torneo se anuncia tradicionalmente como “una mirada a las estrellas del fútbol del mañana, hoy”. Pero, ¿ha estado a la altura de este fastuoso lema una prueba que ya ha cumplido los 32 años? FIFA.com se ha propuesto averiguarlo.

El primer Campeonato Mundial Juvenil de la FIFA, nombre que recibía en 1977, se organizó en Túnez, y la estrella de la selección de la URSS que se adjudicó el título fue el mariscal del mediocampo Vladimir Bessonov. Después de recibir el Balón de Oro adidas del certamen, el astro del Dinamo de Kiev protagonizaría una extraordinaria carrera internacional, haciéndose con el oro olímpico en 1980, para luego brillar en las ediciones de 1982, 1986 y 1990 de la Copa Mundial de la FIFA.

Un buen inicio, en aquella época, aunque nada comparado con la sensación de estar contemplando el comienzo de algo histórico en Japón 1979. Allí fue donde un entonces desconocido Diego Armando Maradona ofreció al mundo un primer vistazo de su formidable potencial, e inspiró a una magnífica selección argentina camino de la gloria, junto a su prolífico compañero de un ataque temible, Ramón Díaz.

Si bien Argentina cedió su trono dos años más tarde, la Albiceleste de 1981 contaba con un delantero que sólo un lustro después firmaría un gol que valió una Copa Mundial de la FIFA, Jorge Burruchaga. El legendario uruguayo Enzo Francescoli también causó sensación en Australia, aunque el Balón de Oro adidas correspondió a Romulus Gabor, piedra angular del conjunto rumano medalla de bronce.

La impresión general fue que Gabor, a pesar de jugar 35 partidos con su país posteriormente, no llegó a desarrollar todo su potencial, lo mismo que se dijo de Geovani, estrella de México 1983. La visión de juego del brasileño y su habilidad le permitieron arrebatar tanto el Balón de Oro como la Bota de Oro a figuras de la talla de Marco van Basten, Toni Polster y Bebeto. No obstante, sería el punto culminante de una carrera que nunca llegó a despegar definitivamente.

Un compatriota de Geovani y Balón de Oro en 1985, Silas, lo hizo sin duda alguna mejor, al brillar en las filas del Sporting y el Sampdoria, en una carrera que incluyó asimismo dos Copas Mundiales de la FIFA, las de 1986 y 1990. Entre los segundas espadas en la URSS estaban Cláudio Taffarel, René Higuita y Krassimir Balakov, una prueba más de la creciente fortaleza del torneo, tendencia que continuaría en Chile 1987.

El elegante e imperioso Robert Prosinecki fue una opción popular para ser declarado mejor jugador de la prueba, aunque la selección yugoslava campeona proporcionaba por sí sola numerosos dignos aspirantes a ese reconocimiento, como Zvonimir Boban, Predrag Mijatovic y Davor Suker. Dos años más tarde, en Arabia Saudí, hubo una competencia igualmente dura: tanto Diego Simeone como Sonny Anderson y Oleg Salenko sonaban para llevarse los premios. Con todo, el Balón de Oro volvió a ser brasileño. Y aunque Bismarck no llegaría a conquistar el mundo, sí se ganó un puesto en la plantilla de la Seleção en Italia 1990.

Portugal 1991 asistió a la coronación de una “generación dorada”, ya que los anfitriones se alzaron con el trofeo, derrotando los esfuerzos de talentos emergentes como Élber Giovane, Andy Cole y Paulo Montero. Aun así, el jugador identificado como la gran figura de la competición no fue Luís Figo, ni Rui Costa, ni tampoco João Pinto, sino Peixe, quien, a diferencia de los compañeros a los que eclipsó, tendría una carrera sorprendentemente deslucida.

Adriano, que descolló en Australia 1993, fue otro Balón de Oro que no subió a las alturas que presagiaba. Caio, protagonista de la edición de 1995, continuó esta pauta de estrella en ciernes brasileña que no llega a cuajar. En lugar de comerse el mundo, tendría que mirar con envidia el éxito de aquellos a quienes superó en la cita mundialista, como Hidetoshi Nakata, Fernando Morientes y Paulo Wanchope.

Sudamérica volvió a dominar el podio en 1997, y aunque la selección argentina, en la que estaban Juan Román Riquelme y Esteban Cambiasso, se llevó el título, Nicolás Olivera fue elegido Balón de Oro. El uruguayo vivió posteriormente su mejor época en el Sevilla, y pese a participar en la Copa Mundial de la FIFA 2002, sus logros quedaron a la sombra de los de sus adversarios de la generación del 97, como Thierry Henry, Michael Owen, David Trézéguet y Nicolas Anelka.

Llegados a este punto, en la historia de la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA ya era habitual ver a futuras grandes estrellas marcharse sin premios, como en Nigeria 1999, cuando Ronaldinho, Roque Santa Cruz, Xavi y Diego Forlán se quedaron sin el Balón de Oro. Y aunque el reconocimiento a Seydou Keita quizás sorprendiese en aquel momento, el maliense está labrándose actualmente una reputación de centrocampista excepcional e implacable en la recuperación del esférico con el Barcelona.

El Camp Nou ha sido un destino popular para las estrellas de la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA, y Javier Saviola -Balón de Oro y Bota de Oro en Argentina 2001- estaba llamado a convertirse en una leyenda del Barça cuando protagonizó un fichaje de 15 millones de euros con sólo 19 años. Pero El Conejo no acabó ganándose realmente al público catalán, y en estos momentos ocupa una plaza en el banquillo del antiguo rival del Barcelona, el Real Madrid. Casualmente, Kaká fue uno de los que quedaron detrás de Saviola en los galardones de 2001, sin que fuese la primera vez que se pasaba por alto a un futuro Jugador Mundial de la FIFA.

En EAU 2003 Andrés Iniesta, Daniel Alves, Javier Mascherano y Fernando Cavenaghi, entre otros, formaron el séquito del anteriormente desconocido Ismail Matar, la atracción del torneo. El mediapunta ofreció luego breves muestras de su talento con la selección absoluta, pero los emiratounidenses han quedado sin opciones de acceder a la Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010, de modo que no tendremos la oportunidad de juzgarlo en la gran cita del deporte rey.

Al margen de todo ello, dice mucho de la constante capacidad de la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA para ejercer de escaparate del mejor talento ascendente que los dos últimos receptores de su Balón de Oro se perfilen como grandes animadores en Sudáfrica. Lionel Messi, la figura de Holanda 2005, no necesita presentación, por supuesto, y muchos insisten en que el futbolista del Barcelona es el próximo mejor jugador del mundo. Otro argentino, Sergio Agüero, quien se lució en Canadá hace dos años y a continuación encandiló también en el Torneo Olímpico de Fútbol masculino del año pasado, es otro muchacho cuya proyección difícilmente podría ser más alta.

Ahora la única pregunta que surge es: ¿cuál será la próxima incorporación a esta constelación de estrellas? Sea quien sea, la historia nos enseña que Egipto puede estar seguro de asistir a un festival.

Fuente: FIFA.com

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