La ansiada Libertadores de 1971

Posted on December 15, 2008 
Filed Under Historia de futbol

En 1971 el fútbol uruguayo vio brillar a uno de sus mejores equipos en toda la historia, un conjunto dotado de técnica, entrega aguerrida en cada uno de sus componentes y un circuito de juego sencillamente maravilloso. Estamos haciendo referencia al Club Nacional de Fútbol que dirigía técnicamente Washington “El pulpa” Etchamendi.

Rápidamente quisimos hacer referencia al director técnico de aquel equipo, pues en sus palabras y carisma para guiar a sus dirigidos se puede fundamentar la solvencia y actitud ganadora de la conformación tricolor.

La Copa Libertadores de América de 1971 era para los fanáticos, jugadores y dirigentes de Nacional una ambición, pero aún más, era el año indicado para deshacerse del maleficio que todo el pueblo tricolor sentía que los perseguía en los torneos internacionales. Todos sentían que ese era el año indicado, se había conformado un equipo que demostraba experiencia para manejar los partidos más complejos, solidez en todas sus líneas y la presencia de grandes figuras que ofrecían prestigio a la institución.
Definitivamente debía ser la culminación de un proceso que se comenzó a gestar en las elecciones de 1968, cuando el club renovó su dirigencia y al poder llegó Miguel Restuccia, un arduo trabajador del club y representante de la falange tricolor que ocupaba la tribuna Olímpica del Estadio Centenario.

Restuccia fue un hombre siempre abocado al desarrollo de las divisiones formativas y cuando tomo el cargo de Presidente comenzó un trabajo paciente y ambicioso que llevaría al desarrollo y la maduración de jóvenes figuras, que terminarían por ser en aquel 1971 baluartes fundamentales de la máxima consagración del club hasta ese entonces.

Pero también hay que destacar que no solo fueron las victorias internacionales obtenidas en aquel año 1971 lo que enalteció el orgullo de la falange tricolor. Aquel equipo comenzaría también una histórica paternidad, hasta hoy insuperable, ante su eterno rival: 16 encuentros clásicos fueron disputados entre el 2 de marzo de 1971 y el 31 de enero de 1974, logrando los tricolores llevarse 7 victorias y ninguna derrota.

Los búfalos tricolores que destronaron al león

El equipo de 1971, como todos los grandes equipos en la historia del fútbol mundial, tuvo que sortear un tiempo de conformación y solidificación, en el cual perdió la final de la Copa Libertadores de 1969 ante Estudiantes de La Plata. Pero el sacrificio y maduración del conjunto tendría su revancha ante el conjunto argentino.

Los tricolores conformaron una sólida y experiente base que cubría todas sus líneas con Manga, Atilio Ancheta, Julio Montero Castillo, Víctor Espárrago, Ildo Maneiro, Luís Cubilla y Luís Artime.

En el arco se encontraba el mundialista brasileño Manga, un arquero que desde su refugio contagiaba seguridad y confianza a sus compañeros al demostrar una excelsa serenidad en las situaciones de mayor peligro.
Desde la zaga central Atilio Ancheta ofrecía prestancia para iniciar el buen juego tricolor luego de recuperar el balón en lo alto y bajo de la defensa. En ese entonces Ancheta ya era considerado uno de los mejores del mundo en su puesto tras haber realizado una excelente presentación en el Mundial de México 1970 con el seleccionado celeste.
En el medio campo Nacional tenía literalmente dos búfalos insaciables que dejaban todo en cada pelota dividida con el único cometido de la victoria final. Hablamos de Julio Montero Castillo y Víctor Espárrago, dos jugadores que se complementaban a la perfección. El primero es la imagen que todos los uruguayos tenemos del heroico número 5 del fútbol uruguayo, un jugador incansable, un tractor que se encontraba en las situaciones más criticas de su equipo para salvarlas. Y a su lado estaba Víctor Espárrago, jugador de clase que arribó a Nacional desde Cerro con promesa de goles, algo que no terminó de caracterizarlo en el albo. Espárrago no logró en aquel entonces el reconocimiento real que debió tener, su juego fue clave y definitorio para el equipo. Un reloj del mediocampo, recuperación, entrega, distribución y goles de victoria.

El hijo pródigo del club y la afición era el enlace entre estos dos guerreros del medio campo y las dos grandes figuras de la delantera tricolor, Ildo Enrique Maneiro.
Este hombre nacido en la ciudad de Mercedes era el cerebro, la habilidad, la impresión de juego y la exquisitez del fútbol tricolor. Maneiro, en pocas palabras, era el encargado de convertir la entrega y esfuerzo de sus compañeros en un fútbol vistoso y arrollador cuando pasaba al ataque.

En la delantera los encargados de recibir la inyección de inteligencia de Maneiro eran los experientes Luís Cubilla y Luís Artime, a quienes acompañaba el endiablado ‘Cascarilla’ Morales. Cubilla era el jugador consagrado, ganador de dos Copas Libertadores de América y una Intercontinental, quien sabía de las duras batallas que el equipo debía sortear para ser el mejor del América. Y Artime era sencillamente implacable, un goleador de jerarquía que se había consagrado en su país y venía a demostrar que Nacional podía ganar con sus goles en donde fuese.

No se debe olvidar a otros factores fundamentales de este conjunto tricolor que se consagro como el primer campeón internacional en la historia del club de La Blanqueada: Luís Ubiña, Juan Masnik, Juan Martín Mujica, Juan Carlos Mameli, Juan Carlos Blanco, Ángel Brunell, Ruben Bareño e Ignacio Prieto.

Con ‘Pulpa’ de Campeón

El buen fútbol desarrollado por los albos en aquel 1971 permitió que el club se consagrara campeón de la Copa Libertadores de América, Copa Intercontinental y Copa Interamericana. En esta oportunidad nos avocamos únicamente a recordar el certamen continental.

Si hoy se le pusiera un precio a aquel gran equipo de Nacional seguramente sería uno de los más poderosos del mundo y sus figuras comenzaron a demostrar el ritmo de juego y la solidez alcanzada desde el primer encuentro de aquella Copa Libertadores de América.

El camino a la gloria realizado por el tricolor no pudo haber comenzado mejor, el 2 de marzo en el Centenario el rival era Peñarol y el equipo del ‘Pulpa’ Etchamendi lo sorteó por 2 a 1.
Los otros rivales de grupo eran los bolivianos Chaco Petrolero y The Strongest, y Nacional viajo a la altura de La Paz para volver con una victoria y un empate.
Ya de vuelta en Montevideo los rivales bolivianos no tuvieron forma de hacerle frente al aceitado juego del equipo albo y su tradicional rival tampoco. Nacional cerró el grupo venciendo a Peñarol por 2 a 0 y siendo el único clasificado a las semifinales.
La felicidad de todo el pueblo tricolor era muy grande, cada vez se estaba más cerca de la ansiada final, se había dejado por el camino al rival tradicional y el equipo era realmente un espectáculo de fútbol.

En el grupo semifinal lo esperaban el Palméiras de Brasil y Universitario de Perú. El primer encuentro fue en Perú y Nacional se trajo un empate sin goles, con lo cual comenzaban a aparecer algunos comentarios desanimados.
Pero el segundo partido ante Palméiras en Pacaembú rápidamente los haría trizas, cuando la maquina alba con dos goles de Luis Artime y uno de Ruben ‘el Pato’ Bareño se trajera una categórica victoria por 3 a 0 y la clasificación casi sellada a la final.
Dos nuevas goleadas ratificaron el pasaje a la definición del certamen, 3 a 0 ante Universitario y 3 a 1 ante los brasileños.

Había llegado la hora de la final contra el durísimo y mañoso Estudiantes de La Plata tricampeón de América. Era también la hora de la revancha para muchos de los jugadores de Nacional que habían estado presentes en las dos finales perdidas dos años antes ante el mismo equipo.

El 26 de mayo Estudiantes vence a Nacional de local con gol de Romeo por 1 tanto contra 0. Nacional bien parado en todas sus líneas no logró aguantar la embestida del equipo y las 30.000 almas platenses y a los 15’ del segundo tiempo se rompió el marcador; pero la imagen de los albos había dejado sumamente preocupados a los argentinos.

Una semana después en un Estadio Centenario colmado por 70.000 bolsilludos se dio el mismo resultado pero a la inversa y Nacional con gol de Masnik a los 28’ forzaba un tercer partido que se jugaría siete días después en Perú.

El 9 de junio de 1971 es una fecha inolvidable para todos los fanáticos tricolores y del fútbol uruguayo. Nacional en el Estadio Nacional de Lima le dio una muestra de fútbol al avaro, recio y especulador equipo “pincharrata”. 41.000 espectadores vieron como Nacional y su decidido buen fútbol terminaba con la hegemonía del club argentino y se coronaba como el monarca de América.
Esa noche será inolvidable para los millares de seguidores tricolores que siguieron al club de sus amores a tierras incaicas y los vieron aplicarle un categórico 2 a 0 a su rival.

A los 22’ Espárrago, el jugador de los goles claves, anotaba la apertura del marcador, y a los 20’ del segundo tiempo el gran goleador tricolor, Luis Artime, sentenciaba el resultado final.

Nacional había conquistado la Copa Libertadores de América por primera vez en su rica historia, basándose en un juego sólido para defender y tácticamente insuperable a la hora de lanzarse al ataque. Estudiantes de La Plata no tuvo mejor gesto de caballerosidad que caminar al centro de la cancha una vez terminado el cotejo y ofrecer un cerrado aplauso por parte de todos sus jugadores al equipo tricolor que se encontraba saludando a las cuatro tribunas del Estadio Nacional de Lima.

Los artífices de la victoria esa noche fueron:
Manga, Atilio Ancheta, Juan Masnik, Luis Ubiña, Julio Montero Castillo, Juan Carlos Blanco, Luis Cubilla, Ildo Enrique Maneiro (Juan Martín Mujica), Víctor Espárrago, Luis Artime, Julio César Morales (Juan Carlos Mameli).

Sin duda alguna todos ellos están en el pedestal más alto de los corazones nacionalófilos y era necesario recordar su gesta. Salud!

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