Tradición peronista: padrinos políticos del fútbol

Posted on December 14, 2008 
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Allá por 2004, Tigre era un club que penaba por no descender de la tercera a la cuarta categoría del fútbol argentino. Fue entonces que su dirigencia acudió a Sergio Massa, quien a partir de allí -y pese a ser originalmente hincha de San Lorenzo- sería el máximo artífice del proceso que, a velocidad meteórica, llevó a la entidad de Victoria a pelear seriamente la punta del actual torneo de Primera “A” de la AFA.

En cuatro años, y pese a no ocupar nunca en la insitución un cargo superior al de vocal noveno que sigue teniendo, el hoy Jefe de Gabinete fue quien se ocupó personalmente de armar los planteles con los que Tigre obtuvo dos ascensos y un subcampeonato de Primera en tiempo récord, contratando a varios jugadores claves y al director técnico Diego Cagna. Pero además, y justamente para hacer posible eso, gestionó y logró la llegada de importantes sponsors como Topper y el Casino Trilenium.

Con él, en definitiva, el club de Victoria volvió a tener en el poder político ese “padrino” con el que no contaba acaso desde los años ’40, cuando procuraba -y conseguía- favores del gobierno de Juan Domingo Perón por medio de uno de los hombres de mayor confianza del General: el militar Guillermo Solveyra Casares, quien llegara a ser presidente de la entidad tigrense entre 1948 y 1950.

Ubicado por Perón al frente de Control de Estado (algo así como una SIDE de la época, desde la que investigó, persiguió y según algunos torturó a opositores al régimen), aquel era apenas uno más de los funcionarios que en esos tiempos ayudaron a sus clubes de fútbol, ganándose con justicia el mote de “padrinos” que hoy vuelven a poner de moda casos como los de Massa, su antecesor Alberto Fernández en Argentinos Juniors, el propio Néstor Kirchner en Racing y el jefe de la CGT “K”, Hugo Moyano, en Independiente.

Como testimonia el excelente libro “Banfield Campeón Moral 1951”, de Víctor Raffo, aquella primera oleada de “mecenas futboleros” del peronismo también tuvo como beneficiarios a Boca a través de Raúl Mendé (secretario de Asuntos Técnicos de la Presidencia), a River por medio de su presidente Antonio Liberti (cónsul de Perón en Italia) y a Independiente gracias a Valentín Suárez (funcionario de Evita en el Ministerio de Trabajo y más tarde titular de la AFA y de Banfield).

Al mismo tiempo, San Lorenzo tenía como “padrino” a José Constantino Barro (ministro de Industria y Comercio), Vélez al coronel Aníbal Imbert (viejo camarada y amigo íntimo de Perón), Huracán al subsecretario de Educación, Oscar Pelliza, Lanús al ministro de la Corte Suprema bonaerense Cayetano Giardulli, y Ferro al intendente de la residencia presidencial de Olivos y secretario privado de Evita, Atilio Renzi, quien al parecer no era realmente hincha de los “verdolagas” pero vivía en Caballito y por eso canalizaba las necesidades del club del barrio.

El más famoso de todos los “padrinos” peronistas, eso sí, fue claramente Ramón Cereijo, ministro de Hacienda de Perón que contribuyó con créditos más que blandos no sólo a que el club de Avellaneda pudiera construir su actual estadio -por algo bautizado “Presidente Perón”-, sino también a que su equipo no sufriera el éxodo de jugadores a Colombia que asoló al fútbol argentino hacia fines de los años ’40 y comienzos de los ’50.

Por esa “protección” que brindó a los albicelestes, de hecho, aquella formación con la que la Academia obtuvo un tricampeonato inédito en el profesionalismo entre 1949 y 1951 fue apodada “Sportivo Cereijo”, mote con el que aún la recuerdan muchos memoriosos. ¿Será recordado este Tigre de hoy como “Sportivo Massa”? Indudablemente, motivos no faltan para que así sea.

Fuente: Perfil.com

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